Me despierto por la mañana, cuando mi mente ya se ha saturado de pesadillas. Malos recuerdos que renacen, y por una noche cobran vida.
Cada mañana a primera hora, mi casa parece una más,una cualquiera; parece uno de esos hogares formados por una madre y su respectivo marido e hijos. La verdad es que mi casa ni se acerca al término "común", en realidad no tengo del todo claro ni que es lo corriente, esta es mi única realidad.
Pienso en mi padre, un hombre normal de unos cuarenta y tres años aproximadamente; uno de esos aparejadores que trabajan quince horas diarias y cuando llega a casa aún le quedan energías para seguir adelante, es de esos hombres que salen los viernes por la noche y se pasan con alguna que otra copa. Su única debilidad es que mi padre es diferente, es especial, un bicho raro si le queremos incluir en el término común. A diferencia de cualquier hombre cuarentón ordinario, cuando se cruza con alguna veinteañera que le ponen ojitos, él no desvía su mirada a su anoréxico trasero, sino que él pasa de largo con indiferencia... Como para todo en este vida, hay una explicación lógica, y no es que él este enamorado de mi madre y es que a él no le gusta ese tipo de mujeres, ni ese tipo ni de cualquier otro. Mi padre es homosexual, gay, sí, le gustan los hombres, lo reconoce y no lo ve como un problema, tampoco Juanjo, su pareja. Juanjo es un hombre que anda sobre el metro sesenta de altura, y para mi pesar, también de ancho; pero espera, aún queda lo mejor, Juanjo es vendedor de lechugas, renunciando al prototipo de hombre perfecto que todo hombre homosexual desea. Aún sin saber con certeza que es lo corriente, se que mi casa no lo es ni de lejos, en fin...
Giro la cabeza hacia el rejor ¡MIERDA! ya son las siete y media. Corro hacia el cuarto de baño, y mientras me lavo la cara intento evitar hacer un pequeño resumen de todos los cambios que hemos sufrido durante los últimos cinco años, cuando yo tan solo tenía once. Una vez vestida me miro al espejo -Me he puesto la camiseta de Hard Rock edición especial Miami, esta es blanca y rosa pálido, en vez, de granate y naranja -.
Oigo la cafetera, me retoco la sombra de ojos y me dispongo a bajar las escaleras, entretanto miro mi reflejo en el pasamanos plateado. Una vez abajo escondo una cajeta de Malboro en el bolsillo de atrás de mis Levi's , y en el de delante meto el móvil.
Mi padre odia que fume, pero como apenas se da cuenta nadie sale perjudicado; yo sigo con mi vicio y él no se preocupa.
Cruzo la cocina, hoy paso de almorzar. Alcanzo mi cazadora rosa -haciendo juego con mi moto- y salgo de mi curioso hogar. Pero antes de cerrar la puerta miro una vez más hacia el interior, mi padre me guiña un ojo y Juanjo ni se inmuta. ¡Bah!
- ¡Daniela, acuédate, hoy no comemos en casa!- Comentario inutil de parte de Juanjo, que para mi descuido estaba bien atento, yo siempre como en la cafetería.
- ¡Daniela, acuédate, hoy no comemos en casa!- Comentario inutil de parte de Juanjo, que para mi descuido estaba bien atento, yo siempre como en la cafetería.
Me coloco los auriculares, agarro el casco azul cielo que me regaló Luca por mi cumpleaños , me siento en el sillín de mi Vespa, y arranco.
DOS.
Adoro mi moto nueva, me la regaló mi padre en navidades. Es rosa bebé, Luca conveció a Juanjo para que me la comprase. Luca, Luca, Luca, últimamente pienso mucho en él. Vive en la casa de al lado y prácticamente nos conocemos desde que nacimos, hemos crecido juntos. Pero, ¿sabes ese momento en que todo parece más bonito, en que cada sonrisa te acelera el pulso de una manera desproporcionada? ¿Ese gesto de rozarte la mejilla con sus dedos, como ríes ante sus gracias aunque sean una tremenda estupidez , y como te pierdes en su mirada sin darte cuenta? ¿Ese justo momento en el que te das cuenta de que no recuerdas lo que era estar si él, cuando solo llevas sin verle dos horas, cuando notas que cada canción que suena en tus auriculares tiene su esencia, cuando todo alrededor te lo trae a la mente o como anhelas su olor característico? Al principio pasa desapercibido, hace solo meses era rutina hablar con él por teléfono todas las noches mientras nos mirábamos por la ventana. Ahora, cada día, mido cada segundo hasta que dan las diez y media, y así, sin más, la sensación te explota en la cara. Y entonces pienso que es mi mejor amigo, solo "amigo",y será imposible cambiar eso.
Suena en el interior de mi casco "Rape me" de Nirvana. Y llego al instituto.
Entro por la puerta del instituto tranquila, confiada, como cada mañana. No, como cada mañana,no. Hoy la gente me mira, cuchichea y algunos incluso me señalan.
-¿Bruno? ¿Cuando coño se te ocurrió hacer algo así? ¡Es Bruno! ¡No puedes ir por ahi liándote con él!.
Me costó entender sus palabras, pero todas las piezas del puzzle, por desgracia, encajaban. Rápidamente le tapo la boca a Rachel, y le arrastro hasta el baño, donde la dejo libre.
-Rachel, dime por favor que Amanda no lo sabe.- Mi preocupación se aprecia en mi voz más de lo que me gustaría.
- No lo se, Daniela, lo sabe todo el mundo.
Me sujeta la mano, quizá para traquilizarme o, quizá, para hacerme saber que me entiende. Ahora empieza a hablar, y oigo los gallos de su aguda voz. Estoy demasiado ocupada con mis pensamientos, no me molesto en tratar de diferenciar las consonantes y vocales que salen de su boca. Sin haber soltado ni una sola palabra, y aún algo desconcertada, salgo del baño al lado de Rachel, ahora ya más calmada.
Veo a Amanda a lo lejos, al final del largo pasillo, corro hacia mi clase llevando conmigo a Rachel.
-Dani.- Dice Rachel con voz temblorosa.
Miro para ella, gran error. Justo en ese momento, en ese preciso instante, me choco contra el culpable de mi nudo en la garganta durante los últimos días.
CONTINUARÁ....
DOS.
Adoro mi moto nueva, me la regaló mi padre en navidades. Es rosa bebé, Luca conveció a Juanjo para que me la comprase. Luca, Luca, Luca, últimamente pienso mucho en él. Vive en la casa de al lado y prácticamente nos conocemos desde que nacimos, hemos crecido juntos. Pero, ¿sabes ese momento en que todo parece más bonito, en que cada sonrisa te acelera el pulso de una manera desproporcionada? ¿Ese gesto de rozarte la mejilla con sus dedos, como ríes ante sus gracias aunque sean una tremenda estupidez , y como te pierdes en su mirada sin darte cuenta? ¿Ese justo momento en el que te das cuenta de que no recuerdas lo que era estar si él, cuando solo llevas sin verle dos horas, cuando notas que cada canción que suena en tus auriculares tiene su esencia, cuando todo alrededor te lo trae a la mente o como anhelas su olor característico? Al principio pasa desapercibido, hace solo meses era rutina hablar con él por teléfono todas las noches mientras nos mirábamos por la ventana. Ahora, cada día, mido cada segundo hasta que dan las diez y media, y así, sin más, la sensación te explota en la cara. Y entonces pienso que es mi mejor amigo, solo "amigo",y será imposible cambiar eso.
Suena en el interior de mi casco "Rape me" de Nirvana. Y llego al instituto.
Entro por la puerta del instituto tranquila, confiada, como cada mañana. No, como cada mañana,no. Hoy la gente me mira, cuchichea y algunos incluso me señalan.
-¿Bruno? ¿Cuando coño se te ocurrió hacer algo así? ¡Es Bruno! ¡No puedes ir por ahi liándote con él!.
Me costó entender sus palabras, pero todas las piezas del puzzle, por desgracia, encajaban. Rápidamente le tapo la boca a Rachel, y le arrastro hasta el baño, donde la dejo libre.
-Rachel, dime por favor que Amanda no lo sabe.- Mi preocupación se aprecia en mi voz más de lo que me gustaría.
- No lo se, Daniela, lo sabe todo el mundo.
Me sujeta la mano, quizá para traquilizarme o, quizá, para hacerme saber que me entiende. Ahora empieza a hablar, y oigo los gallos de su aguda voz. Estoy demasiado ocupada con mis pensamientos, no me molesto en tratar de diferenciar las consonantes y vocales que salen de su boca. Sin haber soltado ni una sola palabra, y aún algo desconcertada, salgo del baño al lado de Rachel, ahora ya más calmada.
Veo a Amanda a lo lejos, al final del largo pasillo, corro hacia mi clase llevando conmigo a Rachel.
-Dani.- Dice Rachel con voz temblorosa.
Miro para ella, gran error. Justo en ese momento, en ese preciso instante, me choco contra el culpable de mi nudo en la garganta durante los últimos días.
CONTINUARÁ....
Mónica Carro & Eugenia Rábade.
Es precioso;$ teneis que seguir escribiendolo
ResponderEliminarMuchas gracias, por supuesto(;
ResponderEliminarMe encanta de verdad sois geniales adoro vuestro blog
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