No hay principio ni final, solo lo que quieras ir contando. Hablemos de las ruinas y espinas, hablemos del polvo y nuestras heridas o de mi miedo a las alturas, lo que quieras pero hablemos. De todo, menos del tiempo que se escurre entre nuestros dedos. Hablemos para no oírnos, bebamos para no vernos. Hablando pasan los días que nos quedan para irnos, yo, al bucle de tu olvido; tú, al redil de mis instintos. Poco después ya no quieres hablar del tiempo aunque esté ahora de nuestro lado, y hablas para no oírme, y bebes para no verme; yo callo, río y bebo, no doy tregua ni consuelo y no es por maldad lo juro, es que me divierte el juego.
-Mô
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